Mamá: Bien, estaba por salir con Eduardo a un asado a la quinta de Liliana y Alberto. ¿Queres venir?
Yo: No, no creo.
Mamá: Me imagine. Igual, si queres venir más tarde, no hay problema, vos sabes que Liliana siempre cocina de más. Seguro que el tío Julio te va a llamar y podes venir con él. Me tengo que ir.
Yo: Ok.
Julio: Hola linda, ¿cómo estas?
Yo: No muy bien.
Julio: Me imagine, ¿mates?
Yo: No.
Silencio largo, prolongado.
Julio: Te paso a buscar y andamos en auto escuchando a Los Redondos. Ni una palabra en todo el viaje, promesa.
Yo: Ok.
Julio: Paso en una hora.
El tío Julio me paso a buscar y como me prometió no me dijo una palabra en todo el trayecto. Ni bien me subí al auto me di cuenta que íbamos a empezar desde el comienzo porque sonaba “Barbazul versus el amor letal”. No preste mucha atención a nada, estaba como anestesiada. Volvía a vivir todo de nuevo, como cuando era chica, al lado del tío, la única persona que me entiende sin decir mucho. Otra vez en el auto, otra vez el silencio.
De pronto estábamos escuchando Juguetes Perdidos
Yo sé que no puedo darte
algo más que un par de promesas...
ticks de la revolución
implacable rocanrol
y un par de sienes ardientes
que son todo el tesoro
y empecé a llorar y no pare de hacerlo por mucho tiempo. Lloré mi angustia y cuando empecé a sentirme mejor, a respirar de nuevo, a estar más tranquila, lo miré al tío Julio.
Julio: ¿Mejor?
Yo: Si.
Hoy mi papá cumpliría 65 años.