Monday, July 5, 2010

Amores Perros

Vi Amores Perros muchos años atrás y me fascino. Me encanto la forma simple de contar historias y de mostrar como la realidad nos hace mierda. El accidente de autos que junta las tres historias siempre me demostró como vivir. Sentí que la película era profundamente latinoamericana por esa forma de vivir y describir realidades paralelas que se construyen para evitar ver, para vivir sin ver.

Ayer me tocaba volver a Chicago y como siempre, el tío Julio me iba a acompañar junto con mi mamá al aeropuerto. Faltaban quince minutos para que el partido mundialista de España y Portugal terminara y ya no había forma de que Cristiano Ronaldo demostrase que en verdad es un crack, y que no esta inflado por la parafernalia marquetinera. El tío eligió no ver el final del partido para evitar la cara de desesperación de mi mamá que proyecta su odio de llegar a último momento en la forma transparente de su silencio más absoluto y expresivo. Algo que yo vengo perfeccionando, solo denme tiempo. 

Cuando me toca salir de Buenos Aires, al igual que cuando me toca volver, viajo adelante al lado del tío. Es un ritual que sostenemos desde que era chica e ir adelante era algo prohibido, y por lo tanto, placentero. 

Salimos de la casa mansión y veníamos por Billinghurst hacía Las Heras para doblar a la izquierda en Pacheco de Melo y tomar Coronel Díaz cuando un auto salió de un estacionamiento a velocidad total y casi nos hace mierda. Aun no sé como hizo mi tío para verlo y para maniobrar hacia la izquierda con tal rapidez y destreza que el auto no se incrusto en mis piernas. El auto siguió rápido, no freno ni se estrelló al pasar el semáforo en rojo. 

Nosotros quedamos en silencio, ausentes. Gente que había visto todo nos pregunto si estábamos bien, lo mismo que la mujer del auto de al lado que desde la ventanilla dijo: -“Un loco, por poco los mata. Para mi que se acaba de robar el auto.” Los muchachos del estacionamiento estaban viendo el partido y alguien aprovecho y se llevo un auto. 

Hoy el tío me llamo y me dijo que paso por el estacionamiento y le confirmaron lo del asalto. “En 15 años es la primera vez que nos roban un auto” le dijo el pibe del garaje. Yo me había olvidado del evento que podía haber cambiado mi vida para siempre y me acorde de Amores Perros, de hacernos cargo de la realidad en la que vivimos. La desigualdad nos puede hacer mierda.