De mis diez años en gringolandia me acuerdo de muchas cosas. Entre ellas es la nostalgia que sentía cada día del amigo. Y eso que en Chicago en julio es verano y la pasaba bien. Además, a mi nunca se me dio para hacerme la mártir, y odiaba a los que usan las historias de sus padres desaparecidos para vivir como víctimas. Ahora, creo, que los entiendo y respeto un poco más. No lo comparto, tanto no cambie.
Hoy me acorde que un año me sentí tan lejos que escuché sin parar “Capitán América” de Las Pelotas. Sin exagerar, creo que me pase todo el día cantando: “América, quiero estar en América del Sur, bien al Sur”. La verdad es que a pesar de todo nunca me arrepentí de haber vuelto.
Durante esos diez años me engañe diciéndome que la amistad era tomar mates con los que uno quiere en cualquier lugar del mundo, y por eso casi me voy a vivir a Suecia. Pero no. La amistad es el asadito que me voy a comer hoy con los amigos de la primaria en el barrio.