“Vos no podes hacer nada, y nosotros menos, si ella no quiere denunciarlo” me decían en la comisaría de la mujer.
Yo grito, le digo de todo, pero lo que pasa adentro de las paredes de ese departamento, paredes que comparto, es de “ellos”.
Vuelvo a acostumbrarme, esto mismo ya lo viví, otra vez mi vecino golpeando a su mujer, con un palo.
¿Será la falta de dinero o un problema sexual? ¿Será el calor? ¿Será la furia de que mañana será igual?
¿Será la falta de dinero o un problema sexual? ¿Será el calor? ¿Será la furia de que mañana será igual?
Siento furia, mucha furia.
En Buenos Aires miles de mujeres mueren, son golpeadas y abusadas todos los días. Mi vecina es una de ellas. Lo sé yo, lo sabe él, lo sabe ella, y lo deben saber, por lo menos todos los vecinos de nuestro piso. Nadie puede hacer nada.
En Buenos Aires miles de mujeres mueren, son golpeadas y abusadas todos los días. Mi vecina es una de ellas. Lo sé yo, lo sabe él, lo sabe ella, y lo deben saber, por lo menos todos los vecinos de nuestro piso. Nadie puede hacer nada.
